Continuación una revolución existencialista 2

 

Luego, todo lo que hagamos no tendrá sentido a menos que triunfemos con aquello, llámese éxito rotundo, llámese hacerse reconocido o famoso. Cuando seguimos a alguien, ya sea por sus pensamientos o por su forma de ser, es porque es reconocido. Esto llena de gusanos, a mí manera de ver, el sentido de cualquier cosa. Sólo nos “pararíamos” del fracaso, una y otra vez tenazmente, para conseguir lo que quisiésemos siendo que en la vida real sólo tenemos una oportunidad efectiva para hacer las cosas (si hemos muertos, esto será irreversible).

Esto que estoy declarando puede ser tanto radical, tanto verdadero, pero las reglas de la sociedad hacen que los <<temas humanos>> tengan más maneras de ver las cosas y segundas oportunidades, pero la incompetencia <<a veces>> no obedece estas reglas, sin que se auto-regule con sus <<agentes>> (sociales en cualquier caso). Un fin en sí mismo sería intentarlo hasta fracasar, siendo el fracaso un triunfo del crecimiento. Eso define al arte en cierto sentido. Un triunfo siempre sería subjetivo según los que juzgan; si fuese subjetivo, el grueso lo vería como una variable al triunfo, específicamente una al azar; no da resultados alentadores, sino absurdos pues, no tendría sentido lanzar los dardos y decirse a sí mismo que uno es un “campeón” cuando fue mera suerte, e incluso un novato podría caer en la suerte de darle a la diana, al centro, sin esfuerzo.

Al hacer evidente que éstas no son las reglas del mundo, una forma de ver, una “vista” mejor de la situación se hace imperativa.

Ya se vio en unos párrafos anteriores que el común de la gente prefiere desviarse a seguir un camino recto, resulta en sí más conveniente: hemos abandonado la profesión del <<resaltar heroico>>… para bien o para mal de la sociedad. Los modelos positivistas de <<proceder>> cobran fuerza, y se darían, en las familias diálogos como éstos:

 

– (padre) es inevitable, hijo, que a gente común, que nunca en su vida ha intentado superarse para un fin noble les desagrades simplemente de presencia (el padre a su hijo; ante una situación de rechazo moral)

– (hijo) es así, oh padre, que debería ir dedicándome a otra cosa pues… (el hijo hacia el padre, cuando lleva a su conciencia la inutilidad de su forma innovadora de ver la vida)

– (padre) o ir engañándolos.

 

y es verdad: muchas veces no queda otra opción que “vender” el alma al diablo, a lo menos en esta época en que la familia que se llama <<real>> a sí misma (virtualmente) no existe.

Pero lo más paradójico de todo es que la vida de este hijo icónico que no tiene más opciones que retroceder, debería ver y observar, su vida como lacónica e indigna a los pies de quienes abusan de su confianza, quienes piensan que él es nefasto. Repito: ¿por qué debemos pensar así cuando, nuestra privacidad es un valor importante, quizás el mayor en estos tiempos? No importa la clase o el estatus de otro quien ponga en duda la dignidad de otra persona, incluso la “víctima” puede ser un vago, nadie en este mundo puede ni debe poner en entredicho en <<nuestra privacidad>> nuestra capacidad de ser una persona buena y valorable. Nadie. Ese valor es quizás el más extraviado de la sociedad, pero como no vengo a hablar de valores, recuperaremos un cauce muy importante desde ahora.

Al ser el mundo subjetivo, se ha convertido en una plataforma de decisiones cada vez más y más errática ¿qué queda para las personas con poco poder?, parece ser verdad lo que sucede en el argumento de la película de ficción Matrix, que en su segunda parte el francés Merovingio expresaba “¡Incorrecto! la decisión es una ilusión entre las personas que poseen el poder y las que no lo poseen” cuando los protagonistas son dirigidos con una persona extremadamente poderosa en la trama de esta trilogía. Aunque la película en sí es un “juego” o “experimento”, el concepto está correctamente usado… aunque existen cuantiosas excepciones a la regla muy relucientes, es de admitir. Pero el concepto, la idea, es bastante destacable… decidimos, hacemos “nuestros” nuestros pensamientos hasta llegar a algo que nos satisface vehemente nuestras necesidades nerviosas; ésto lo realizamos ante una baraja de posibilidades, situaciones posibles, cuando en la vida misma existen un millón de “pero a la vez”; y generalmente escogemos el primero, aunque no sea perpetuo ésto.

A esto último lo llamamos pensamiento, y la característica principal de este proceso de descartar es eso, el poder discernir entre una posibilidad futura y otra en cuanto a intuiciones propias, por muy “flojo” que suene. El sólo hecho de poder hacer esto da una potencia al individuo no sólo creativa, sino en la <<vida misma>> que lo valora. Y sin embargo, una persona para ser grandiosa debiera estar en circunstancias grandiosas. Sin embargo, lo positivo de esta forma de dar posibilidad de decisión, y que no es revolucionaria, es que ha dado mundo a nuestros hijos, a nuestra descendencia, les ha dado la posibilidad <<de pensar>> y <<crear>> al nuevo mundo.

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