Conclusiones hacia un mundo mejor.

 

Hace un tiempo, dedicado fuertemente y apasionado, hacia los relatos de crímen, me recordé potentemente en especial realizando el paralelo entre la obra de Patricia Highsmith y “Crímen y Castigo” de F.M. Dostoievski. Frecuentemente esta obra se le llama “el abuelo de las obras policiales” ¡y con mucha razón! Sin duda sento las bases de toda obra de misterio y crimen y retrató y detalló (para algunos) la esquizofrénica mente de un criminal. No comentaré si la forma de detallarlo fue intensiva e interior, o más bien sólo cumple la función de sentar las bases (de la psicología o relato interior en la novela en general), ser “un motor” o qué cosa. Sólo es importante ver que fue el botón de un explosivo, un explosivo de nihilismo en mucho, entre ellos, el gran Nietzche. La obra en sí (que merece la pena leer) narra el mundo “desagradado” de Rodia para luego, en base a su desesperación matar a una anciana y su hermana para quedarse con una bolsa de dinero, merced de la posterior tortura interna Y PROPIA que se auto-da el Rodia Romanovich y su relación con el comisario de la policía local. Destacable es en la obra que él, demuestra destreza pero, lamentablemente es enfermiza hasta el punto de pedir un castigo… el hombre es así, puede cometer mil crímenes pero, en algún momento pedirá un castigo por TODOS ellos, si los crímenes son poca cosa… puede aguantar la plegaria somática.

No es un homenaje a la indigna vida que tienen muchos, o a que la mentira siempre viva estará. Es quizás una estrella fugaz en una época en que la psicología interior cobraba fuerza (en especial por la venida de guerras, conflictos bélicios, la culpa, el horror y el salvajismo que día a día venía por peleas entre las grandes cúpulas de potencia existentes) y se trataba de una ciencia que se debía sentar bases para prosperar. Hoy en día las cosas que más nos desagradan como seres humanos son especialmente las culturales, las que requieren renovar nuestros pensamientos internos. Por ejemplo, son escencialmente 5 cosas de las que no queremos saber mucho: las noticias, las guerras, la muerte, el arte y la cultura. Quizás he ahí el inminente perecimiento de la filosofía (en el apartado ‘cultura’, a la sombra del ‘arte’ o incluso la ‘muerte’); es posible agregar a todas ellas a los responsables “primeros” de éstos 5, la política, pero incluso ésto es bienvenido por algunos (pasión). La escencial relación entre todo esto y el gusto por las obras de misterio y policial, es que en ellas existe el corazón, existen los vicios del corazón, existe pasión (como en la política) y existe un retrato fiel a la maldad, visto como réplica “El talentoso Mr. Ripley” de “Crimen y Castigo” y como lo son muchos otros que se basan, pero no lo <<son>>. Es así que la gran masa lee precisamente de <<gente que engaña>> como proyección de ellos mismos y de su vida, en contraposición de leer <<sobre lo obvio>>: noticias, guerra, muerte, arte y cultura. El pensamiento desde los vicios <<culturales>> se han volcado (o han <<sido>>) escencialmente <<no-estar-ahí>> o nihilistas o <<asociados a la nada>>. Pero aún así el hombre ha logrado moldearse a sí mismo sin necesidad de hacer <<algo>> especial o <<representar>> algo en su vida.

Al igual que toda mente en cualquier obra policial, mente criminal, la mente humana es muy parecida o tendiente a esto. Le es necesaria pues, el auto-engaño resulta bueno como se vio en en inicio de este capítulo (diálogo padre-hijo) para poder pensar en nuevas posibilidades ¡aún no se ha inventado matemática alguna que nos permita decir exactamente lo que queremos sin contradecirnos en modo alguno!.

Pero esto no quiere decir específicamente que ha habido una pérdida de valores o que la forma, de ver la vida, sea nefasta. Sólo es la antesala de otra forma de vida, de otro paradigma

Simplemente, nuestra forma de oler <<la felicidad>> inminente ha cambiado a algo más tenue, incluso más romántico, a <<el aguantarse>> más bien. El ser humano no sabe que su felicidad <<no es tal>> sino, una fuente o saco <<de gato>>. Lo que demuestra esta aseveración es tan simple como, fijarse entre quienes son los ídolos auténticos de cada persona: los embusteros, los trabajólicos disfuncionales, los infieles potentes, los que trabajan poco y ganan harto.

 

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